Un jinete
Miles de anos hacia desde que aparecio en el horizonte una nube de polvo, un llamarada de arena, miles de anos hacia desde que los moradores agazapados en la muralla sostenian sus quijadas con las dos manos, como si el tiempo se hubiera detenido.
Tu te asomaste a la ventana las mismas veces que despertaste, pero no supiste nada, no te enteraste.
Miles de anos hacia desde que salio disparado por canones misteriosos, atravesando distancias de montes y estrellas, de desiertos y cansancios.
Los comerciantes y las personas cultas por primera ves en miles de anos pusieron atencion a los mitos milenarios, por primera vez se cruzaron de brazos y observabaron incredulos la presencia inconcencible de un mensajero imperial ante las murallas de la ciudad, por primera vez sin importarles sus tiendas se encaminaron perplejos siguiendo a la muchedumbre.
El jinete salio hecho un mozo tanto tiempo atrás, sosteniendo el orgullo del metal y la suavidad del papiro, la ley y orden, se convitio en rayo disparado por ciclones y huracanes, demoliendo piedra, venciendo vientos.
La bestia se detuvo exalando ante el precipicio, freno brutalmente para luego con humildad quedar con la cabeza gacha, el jinete alzo la mirada, surcos, rayas, marcas, la travesia le impidio ver el paso del tiempo en su cara, demacrado ante el la ciudad inerte quedo, sostuvo apenas con fuerza el mensaje imperial.
De aquel lado la lengua se corto, las palabras dejaron de existir, miles de anos pasaron, cientos de civilizaciones nacieron impetuosas, y otras mas dejaron de ver la luz del dia.
Tu por primera vez en miles de anos, tomaste el traje y saliste apresurado, cada vez mas fuerte, por primera vez en miles, cientos de anos, cada vez mas gritandole a la gente que abrieran paso, corriste y observaste la entrada distante, yendose, empequenendose.
Depues de torturas milenarias de sol, ante el silencio inhospitalario el jinete vencido por la gravedad, dejo caer su espada, la muralla se inundo de risas y burlas, rieron ante el y lo despacharon diciendole que las ordenes supremas no cabian por la entrada de la ciudad, dicho esto sellaron las puertas y dejaron desprender el puente hacia el vacio, el jinete se derrumbo, cayo hecha pedazos su cara sacudiendo las baldosas.
Llegaste con tristeza y golpeaste a los guardias con miedo y lagrimas, caiste de rodillas, nadie se inmuto, tus gritos quedaron sepultados entre la algarabia extasiada de los demas, regresaste a casa te deshiciste de tu atuendo y lo colgaste, tu traje quedo en el rectangulo de la puerta, el mensaje yace ahi empunado por una muerte inutil, no hubo relevo.
Te dormiste para siempre resignado a responder al proximo llamado de un sueno para despertar.

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