miércoles, junio 08, 2005

el anciano

no tenia ojos bondadosos, pero enrollaba tabacos con desmesurada paciencia, como estatua movil, pacientemente y los oidos abiertos, a lo lejos serena musica se acercaba, imperceptible para todos, una banda militar avanzaba con pompa de independencia, guturales sonidos y guacamayas, y el viejo seguia ahi, dentro de este campo y fuera de todos, armado con su grueso perfil, iban apareciendo a tientas trombones, negros con maracas, marimbas, mujeres deliciosas con caderas de sirena, y derritiendose como veladoras, como en un circo, la oscuridad se sobresaltaba al aparecer aqui y alla ruidos, rayos, luces, hombros, palmeras, mar y cigarros; el anciano no sonreia con los ojos, la fiesta estaba dentro de su centenaria sangre, como si mil millones de criollos muertos estuvieran viviendo dentro de un paraiso terrenal entre las venas.